lunes, 21 de junio de 2010

El ser como paisaje interno en la obra de Hanni Ossott

Al principio todo es un juego, porque a través del juego recreamos el mundo. Reconocemos nuestra realidad usando la imaginación, haciéndola más digerible. La fantasía permite reducir la frustración, regalándole al ser la posibilidad de la sublimación y la postergación. Es decir desde niños podemos engañar de manera muy eficaz a la adversidad del estar vivos, imitando, reelaborando nuestro entorno y a los otros seres con los cuales lo compartimos.

La poesía como creación es una posibilidad gracias a lo niño, a la imaginación como capacidad netamente humana, única e inalienable. Antes de poder pensar el hombre imagina, le hurta a la realidad a través de la representación, es más fácil, más eficaz, pues la aparición del logos anuncia la terrible llegada de la angustia, de la persecución, de la frustración. Por eso alucinamos o tenemos ilusiones.

Quizás a eso se deba que ninguna filosofía haya podido resolver nada humano y el hombre se vea obligado a retornar a la poesía, arrepentido, burlado por la tragedia. Poesía y filosofía han sido terribles amantes, a veces juntas, la mayoría separadas. Se acusan entre sí, se niegan, pero terminan al final unidas por la desesperación y la desesperanza.

Platón rechazaba a los poetas acusándolos de simples imitadores, plagio les gritaba, creación sin fin. Sin embargo no pudo escapar a lo poético, la primera reconciliación entre poesía y filosofía ocurrió en lo platónico. En la esencia del amor entre los hombres, en la inevitable naturaleza del ser, en lo metafísico. Pues la filosofía primera nace en un poema de Parménides, donde emerge glorioso el ser en una obra poética. Que ironía, la respuesta a ese descubrimiento poético es la filosofía occidental, aun la mas actual no escapa de la imago del ser en Parménides.

Lo metafísico no es poético, ni la poesía es metafísica. Sin embargo el acto creativo no obedece a las normas creadas por el logos y permite la filtración de elementos metafísicos a la poesía y viceversa. Entendiendo que es el ser quien crea, quien desea, quien añora, quien recuerda y quien sufre. La aparición de conceptos metafísicos como: lo uno, el otro, lo múltiple, la continuidad, el movimiento, el tiempo, la nada, etc. Validan la intención humana de afirmar la existencia en el mismo acto creativo y por ende en la obra de arte. Además de intentar permitir la disminución o desaparición de la angustia existencial o angustia ontológica.

El presente análisis pretende identificar en la Obra de la poetiza Venezolana Hanni Ossott elementos metafísicos que pretenden describir un paisaje interno, en constante cambio y su conexión con un planteamiento ontológico y poético coherente.

El ser:

Ossott aborda en su obra al ser como algo trascendental, luminoso, en constante movilidad. En Sombra de las sombras:

“Sé que soy y no soy…
Recorro con la vista fija
En un letargo miserable
Concluyo el estudio, su estructura;
Las partes que componen la figura son mías
.
Soy sombra de las sombras…”

Aquí hay una continuidad, donde el ser se reconoce en su potencialidad dual de la existencia o de la no existencia. Ambas se validan, pero se reconocen como una sola estructura que es el ser ella misma, identificándose con lo otro interior y describiéndolo como lo sombriaco. Es oportuno establecer aquí un paralelismo con el poema de Parmenides:

“Aquella que afirma que el ser es
Y él no ser es,
Significa la vía de la persuasión
Puesto que acompaña a la verdad…”

Pero este ser que describe Ossott no es un ser griego, es un ser nutrido con tres mil años de filosofía e historia. Como María Zambrano afirma: “Ya el ser no es independiente de mi, pues que en rigor solo en mi mismo lo encuentro, y las cosas se fundamentan en algo que yo poseo. Solo la persona humana quedara exenta, libre, fundándose a sí misma” (1).

En “Espacios para decir lo mismo” nos encontramos con la descripción de continuidad y movimiento, para la poetiza todo estaría expuesto a cambio y fluir incesante. Al igual que en Heráclito se interpreta que en la lucha de los contrarios esta el movimiento y por lo tanto el cambio. Situación que se hace repetitiva en toda su obra, incluso citando al filósofo en el poema “Grietas”.

Sustancia y esencia son tocados por Ossott, el cuerpo es señalado como una carga, habitáculo, contenedor. Dándole mayor importancia al alma. En el cuerpo se encuentra el dolor, la pesadumbre, la tortura. El alma trasciende a lo corpóreo, en “Lo mudable”:

“Mira como me duelo. El cuerpo es traje reversible, pero aun más allá. Una forma plástica. El cuerpo se modula así, voltea su cobertura, la piel, ese depósito receptor, esa forma amorfa que recibe y contiene, expulsa y aborta”

El ser se reconoce como continuo, contenido, separado de lo exterior y del otro. Es contundente en esto, obsesiva en desarrollar la metáfora del sujeto y el objeto. La otredad es activa, se presenta como esencial en la vida del hombre y en su finalidad. La relación sujeto/objeto a veces se descubre como complicada, invasiva, abrasiva. Aparece como conversación interna, soliloquios reflexivos que dibujan a lo especular.

Ossott revalida poéticamente la preguntas peligrosas, olvidadas, negadas: ¿Qué es el ser?, ¿Qué es la metafísica? No les da respuesta pues no es la función de la poesía, sino que descarga el terrible peso de la angustia producida por la misma pregunta. Y por la respuesta inconclusa hasta para la filosofía.

En el tejido, la red: imbricaciones,
“Crear lapsos y eludir ciclos…

Objeto con objeto. Objeto frente a sujeto. Canto unánime a pesar del caos. La intención que transforma esto que allí esta no es ello sino yo, y yo lo desplazo, organizo sobre él la necesidad. Lo cubro, mi pensar lo modifica. Esto que allí esta es lo otro y su forma insiste en modificar mi intención. Forcejeos. Hasta la próxima aparición de lo plano y lo móvil. Baile continuo entre sujeto y objeto borrándose. Apariciones desapariciones”

Impresionante planteamiento metafísico donde la dualidad pensamiento/sentimiento, percepción/intuición arman un eje existencial, aparentemente lógico que terminan en la fusión entre lo uno y lo otro. Imagen un tanto cercana a la postura psicodinámica de la psicosis, de lo loco, pero también, de lo normal.

El doble, lo siniestro, no solo como simulacro, también en lo real. Caín y Abel, dios y Satanás. En constante conversación, un dialogo productivo que se convierte en poema, en arte. Se obtiene la liberación al final de lo corpóreo, predominado la esencia. La nada, el vacio provienen de lo humano no de lo divino.

En “Un bloque de verdes evidentes”:
“Todavía lo vacuo y lo inánime
El gesto absurdo
Lo disperso
Recorren tu cuerpo.
Toda tu identidad, la especie,
Permite modular la voz de un canto
Escaso, si,
Precario y continuo
Golpe de tambor monótono
Eternidad agregada a un sol idéntico siempre”

Son humanos la tragedia, la enfermedad, la soledad, el dolor, el desasosiego. No se oculta nada para si, Ossott todo se lo revela. En una luz frágil pero continúa. No hay metáfora de la cueva platónica, la sombra no proviene del afuera, del fuego en la entrada de la cueva, sino del ser. Temporal, perseguido por la muerte.

En el breve poema “Vigilia”:
“El mar
En mí
No deja dormir”.
O en “Es Klingt ein Lied in Mir “:
“Los muertos son estrellas
Profundas estrellas enclavadas
Como centros de luz
En el ámbito de la noche que aparece en nosotros
Dolorosa”.

El ser trasciende a la muerte pero no en el sentido teológico, religioso. Trasciende en el simple pero permanente sentido metafísico. La esencia supera a la sustancia.

En la poesía de Ossott aparece lo divino, se dibuja, pero no aparece dios. No es una poesía atea, pero predomina el idealismo, el Nous como motor vital. A ella no le hace falta la escusa judío cristiana de los poetas pasados, ni la negación de lo divino, o religioso de los actuales. Le basta con la primacía de la filosofía primera, del elocuente ser y sus vicisitudes para entender a lo humano. No hay culpa, no hay remordimiento solo existe el entendimiento.
En “Plegarias y penumbras”:
“Rezo
Tengo miedo
Desconozco
No sé moverme
El rio me habla de lo raro
De lo inmenso
Rezo…
Siempre espera algo Osott, una epifanía, una conversión milagrosa. Utiliza todas las imágenes de lo exterior para describir su ser, es un paisaje manipulado para traerlo hacia adentro. Es allí donde aparece lo onírico, la duermevela el estado confuso onírico. El típico desplazamiento y la condensación como mecanismo freudiano del sueño, pero Ossott no está dormida solo escribe poesía. En “Orfeo”:

“Desde el abandono
Te he otorgado poros de poesía, surcos plenos de sudor
Almas, carnes, pelo, cuello, manos…
Me hiere tu canto, Orfeo. Bacante soy de ti…
Orfeo ¿Dónde estás? Socórreme.
Amado”.

El dialogo, el hablar con uno mismo. El método socrático de preguntar y responder, la mayéutica. El reconocimiento del devenir como lo esencial. En Ossot todo tiene advenimiento y la vez no lo tiene. Todo deviene, nada deviene. Al igual que en Platon en Ossott se descubren dos preguntas: ¿Qué es lo que es siempre sin advenimiento? Y ¿qué es lo que siempre está en advenimiento pero nunca está siendo?
En “Del país de la pena”:

¿Quién soy? ¿La luz que ilumina esta verja, esta tierra?
¿Soy los arboles y las plantas? ¿Acaso el mar?...
¿Quién soy yo?...
¿Dime quien soy yo?...
¿Qué soy?...
¿Soy de la edad media?...
¿Quién está allí?...
¿Qué significo?...
¿Entonces?...
¿Qué más?...

El poder, el dominio del el uno sobre lo otro. La ganancia ontológica de saberse ganadora, poseedora de la verdad. Su poesía va madurando. Se hace más segura, más corta. Quizás más eficaz. Contemplarse a uno mismo a través del otro, de sus debilidades valida la existencia de uno mismo. En “la mordida profunda”

“Hay una mordida profunda
Incisiva
En el centro de mi sexo
Por la cual
Yo me erijo como yo misma
Y soy,
Y poseo y dono.
Regalo mi cuerpo y mi ansia
Hay una mordida en mí
Que doblega al otro
Lo arrodilla, lo inclina”.

Ossott se reconoce poeta, ella se avala en su creación. Le otorga campo de trabajo y funciones al poeta. Lo diseca, construyendo la justificación de su arte.
Porque sin finalidad le encuentra objeto al poeta, catarsis, evacuación, liberación, parto, revelación. En “Poesía”:

“Quien vive la poesía vive, la tensión.
El cielo, la tierra, los hombres les resultan extraños…
Al poeta le gusta el abrazo…
¿Qué es ser poeta?
Llorar
Llorar. Infinitamente.

La enfermedad, la locura, el no ser, La alienación, la bipolaridad. De nuevo la lucha de los opuestos, lo anti cartesiano. En el poema “Las pastillas” se reconoce enferma, enferma de vivir. La existencia del ser como carga, lo corpóreo. La alienación provocada por la medicación psiquiátrica. Señalando lógicamente la ignorancia del que supuestamente sabe. El otro que no conoce de ella, perola domina, el médico psiquiatra. Pero al final la libertad:

“la enfermedad es el vivir
La única
La enfermedad es el cuerpo
Y las pastillas no sirven de mucho
Solo sirve el alma
Haciendo cuerpo
Y el cuerpo
Haciendo alma
¡Fuera el Lexotanil!
Ciao bambino”.

Citando a la misma poetiza para finalizar:
“Mis libros han sido mi alma expresándose en si misma…No he fabricado libros para el público. Escribir para mí es conocer, llegar a saber. puesto que no he logrado saber mucho de mí misma, escribo. La escritura es para mí espejo…nunca ha sido para mi intención horrorizar al lector con mis penas. Prefiero hacer pensar. Quiero que mis libros provoquen pensamientos, reflexiones.”

BIBLIOGRAFIA

(1. Filosofía y poesía. María Zambrano, Editorial Fondo de Cultura Economica. Mexico, 1993.
2. Los poemas fueron tomados de Antología Poética de Hanni Ossott de la editorial Monte Ávila. Caracas 2006.

1 comentario:

Beatriz Alicia García dijo...

Buscando en internet información sobre poetas venezolanos en cuya obra se ha imbricado poesía y filosofía di con tu texto. Muy buen texto. Hace algunos años hice la selección y el prólogo de la antología que citas de Monte Ávila Editores. Gracias por tu interesante reflexión. Te invito a visitar mis blogs: http://beatrizaliciagarcia.blogspot.com y http://bitacoraparalugaresreencontrados.blogspot.com

Beatriz Alicia García