viernes, 22 de julio de 2011

(Cortos) Sobre dos variantes del ensayo: Pedro Téllez y Gustavo Fernández Colon

El encuentro con estos dos representantes del ensayo fue realmente fructífero. A la vez que esclarecedora, la discusión se centro en cómo se escribe y sobre que se escribe. Ambos autores coincidieron en que el ensayo es una manifestación de la libertad. No tardo en aparecer el tema de la veracidad de lo que se escribe en un ensayo. El carácter histórico o la historicidad en el ensayo, fue relacionada con la inmanencia. El carácter anecdótico, casual, del ensayo fue validado por el escritor Pedro Téllez. Para quien el ensayo es un ejercicio de máxima libertad, donde cualquiera puede escribir sobre cualquier cosa. “lo importante es como lo escribe”, radica allí para él, la inmanencia del texto, “como serian los casos de Montaigne y Liscano”. Esa belleza, de cómo se escribe, es esencial para que la obra ensayística tenga una validez atemporal y meta histórica. La obra ensayística de Téllez es diversa, plagada de lo anecdótico, de lo casual. Variedad de temas son tocados por el escritor, en su mayoría han sido encargos, o conferencias como el mismo lo confiesa. La maestría de Téllez radica en una especie de humor ensayístico, de realizar una burla histórica, convertir un hecho histórico en una simple anécdota, amplificando así la importancia del mismo más allá de su historicidad. Los ensayos de Gustavo Fernández Colon, son ensayos que refieren a una misma temática. Una línea de estudio, una especie de erudición sobre lo místico, lo oscuro. Allí difiere de Téllez, al dedicarse al tema único. Los ensayos de Fernández, poseen una atmosfera científica. Determinada por la rigurosidad y veracidad de lo escrito, sin dejar de plasmar su interés o inquietud personal. Son líneas continuas, que exploran lo oscuro, que intentan descifrarlo.

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